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- By Jesús Quílez Bielsa
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Turquía 2007
Viaje al Oeste y Sur de Turquía
08.04.2007
Realizado del 30 de marzo al 8 de abril de 2007
DÍA 1 – Viernes, 30 de marzo
El viernes, 30 de marzo, antes de salir de casa hacia el aeropuerto, no tenía muy claro qué iba a ver ni los lugares que se tenía previsto visitar. Conocía a dos de los profesores que organizaban el viaje, lo que aseguraba la calidad de la selección de los yacimientos elegidos, pero ignoraba todo lo demás.
Después de hacer escala en Estambul tomamos otro vuelo a Esmirna, donde nos recogió el guía nativo. Nos dirigimos al hotel situado en Kusadasi para iniciar, a la mañana siguiente, “nuestra aventura turca”.
DÍA 2 – Sábado, 31 de marzo
La primera impresión llegó con la visita a Éfeso donde la intensa lluvia no dejó de caer en toda la jornada. La Biblioteca de Celso invitaba a cruzar sus umbrales y el gran Teatro impresionó a todos los que lo estábamos contemplando. Realizamos la visita tomando como eje la calle de los Curetes. A lo largo del recorrido pudimos admirar el bouleuterion, la Puerta de Hércules, la Fuente de Trajano, el Templo de Trajano, conjuntos de viviendas de la zona noble y las letrinas.
A pocos kilómetros de allí visitamos la casa donde se supone que pasó los últimos años de su vida la Virgen María.
Seguimos la ruta y nos detuvimos en el Artemision que es considerado una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo. En la actualidad queda una solitaria columna en pie, la mayoría de sus pilares de mármol se utilizaron en la construcción de Santa Sofía, en Estambul, y los demás elementos se usaron como cantera para la construcción de edificios posteriores.
Concluimos este día visitando Magnesia del Meandro. Destaca un templo dedicado a Ártemis Leucofrine. Nos sorprendió en gran manera el tamaño de los tambores y capiteles de las columnas jónicas de este templo.
Esa noche dormimos en Pamukkale, donde pudimos disfrutar de un placentero y agradabilísimo baño en la piscina termal del hotel, al aire libre, en la que contrastaba el calor del agua que abrazaba nuestro cuerpo con el frescor de la lluvia que acariciaba nuestras mejillas.
DÍA 3 – Domingo, 1 de abril.
Llegamos a una buena hora al yacimiento arqueológico de Hierápolis. Comenzamos la visita por la necrópolis. No había visto nunca tal variedad de tipologías de enterramientos (sarcófagos, tumbas en forma de casita, túmulos cupulados, …).
Seguimos esta vía y llegamos a la ciudad. Antes de llegar a la Puerta de Domiciano vimos unas termas (Hamman-basilica) que fueron reutilizadas posteriormente para convertirlas en iglesia en época cristiana.
Llegamos al recinto amurallado y, tras sobrepasar la Puerta de Domiciano, nos encontramos unos baños de planta rectangular con una hilera de columnas en el eje mayor de la estancia. Recorrimos una amplia calle enlosada que llevaba hasta la Puerta Bizantina. No era menos espectacular el Ninfeo de los Tritones que se situaba al otro lado de esta segunda puerta.
Y, como iba a ser habitual en todo el recorrido, había que ver el Teatro – El título de este viaje podría ser “Una Ciudad, Un Teatro”-.
Al descender, ya en la base de la colina, pudimos observar en las dependencias del museo, situado en los antiguos Baños romanos del s. II, bonitas esculturas de mármol procedentes, mayoritariamente, de la escena del teatro.
A muy pocos metros de aquí se encontraba la gran formación calcárea de “El Castillo de Algodón” (significado de Pamukkale), única en el mundo por su espectacularidad, originada por el depósito del carbonato cálcico transportado por las aguas termales que surgen de la montaña.
A continuación nos detuvimos en Afrodisias, donde contemplamos el templo dedicado a Afrodita, el Ágora, los Baños de Adriano, el Odeón y el Estadio, una de las construcciones que más me sorprendió en estos días porque no me esperaba ni sus dimensiones, ni su buen estado de conservación ni, por supuesto, que algunos de nuestros compañeros se desprendiesen de parte de sus ropajes y nos demostrasen su buena forma física y su alto sentido de la competición. En el Tetrapilon, puerta cuadrifronte con columnas jónicas y frontones delicadamente decorados, nos hicimos una primera fotografía de grupo. Ya era tarde y regresamos a Kusadasi, donde habíamos pernoctado el primer día.
DÍA 4 – Lunes, 2 de abril
Accedimos a la ciudad de Priene por un camino con ligera pendiente, encontrándonos con los sillares almohadillados de sus fuertes y espesos muros de defensa.. En un cruce de calles de su trazado ortogonal quedó al descubierto una, casi perfecta, arqueta de distribución de aguas. No había visto nada parecido en ninguno de los yacimientos que había visitado hasta entonces.
En el recorrido nos encontramos con el Bouleuterion y el templo de Atenea. En el teatro se distinguían todavía los asientos de honor reservados para las autoridades. Por último, localizamos la casa que fue habitada por Alejandro.
Continuamos hacia Mileto. Cuna de grandes filósofos y hombres de ciencia como Thales, Anaximenes y Anaximandro, esta ciudad nos ofrecía su teatro y unas termas, en las que destacaba la presencia de una escultura, representando la divinización del río Meandro.
A continuación salimos hacia Dídima y nos detuvimos en el camino para reponer fuerzas en un restaurante al lado de una playa. Pudimos disfrutar de la brisa marina y estábamos abiertos a recibir información de otras disciplinas. Conocimos una planta fanerógama, la Posidonia oceánica, que vive sumergida en el mar y que constituye extensas praderas en los fondos marinos próximos a la costa, desempeñando un importantísimo papel ecológico en el Mediterráneo.
A lo largo de la carretera y paralela a ella discurrían tramos de la Via Sacra. Esta vía comunicaba Dídima con Mileto.
Hablar de Dídima es referirnos al templo oracular de Apolo, uno de los edificios más grandes del mundo helenístico. De la doble columnata que rodeaba la cella únicamente quedan tres erguidas sobre la plataforma, lo que nos permitió idealizar la monumentalidad de este edificio en su época de esplendor. Disfrutamos, además, observando la riqueza y finura de bajorrelieves tanto de los frisos como de las basas de las columnas, en las que estaban representados tritones, nereidas, medusas y grifos, sin olvidarnos de grecas y motivos vegetales diversos. El tamaño de los tambores de las columnas, así como de los capiteles jónicos, que estaban a nivel del suelo nos hacía empequeñecer al imaginarnos el gran edificio que debió ser. En este lugar nos hicimos la segunda fotografía de grupo.
Esa noche dormimos en Bodrum.
DÍA 5 – Martes, 3 de abril
Este día nos desplazamos a la isla griega de Cos. Allí nos estaba esperando una guía nativa que nos acompañó en todo el recorrido de la isla.
La primera parada la hicimos al lado del árbol a cuya sombra, parece ser, enseñaba Hipócrates. En el yacimiento había dos templos de Afrodita , uno para los locales y otro para los viajeros que llegaban a la ciudad. Pudimos visitar unas casas en las que había pinturas murales y unos mosaicos bien conservados, como el que representaba “El rapto de Europa”.
A continuación nos dirigimos al Asclepieion, construido a varios niveles en terrazas excavadas en la colina. En la más alta de las terrazas se erigíría el gran templo de Asclepios, dominando todo el conjunto.
Regresamos a Bodrum, donde visitamos el Mausoleo de Halicarnaso. Nos encontramos unos restos de muro, unas escaleras y, sobre todo, un gran hueco. La maestría y el buen decir de Crescente me abrieron los ojos y en mi mente se formó la imagen de aquella monumental edificación. En el museo adjunto al yacimiento vimos la maqueta del mausoleo, similar a la que me había imaginado momentos antes in situ.
Cerca del hotel se encontraba la Puerta Monumental de Myndos flanqueada por dos torreones. En torno a la piscina nos encontramos con tumbas, sarcófagos, mosaicos. ¡La piscina del hotel estaba construida sobre una necrópolis romana en muy buen estado de conservación!.
Esa noche dormimos en Bodrum en el mismo hotel en que lo habíamos hecho la noche anterior.
DÍA 6 – Miércoles, 4 de abril
En la zona del puerto de Bodrum visitamos el Castillo de San Pedro, fortificación erigida por los cruzados, en el que se utilizaron los materiales del Mausoleo de Halicarnaso como cantera para su construcción. En su interior hay un interesante museo de arqueología subacuática.
Nos dirigimos a Milas (Mylasa), donde pudimos observar el Mausoleo de Gümüskesen que, salvando distancias y escalas, recordaba, al menos en parte, al Mausoleo de Halicarnaso.
Partimos de Milas y nos detuvimos en Dalya, donde comimos. Por la tarde tomamos un par de barcos y navegamos río abajo. En el trayecto, en la ladera prácticamente vertical de una montaña caliza, pudimos observar, por primera vez, tumbas rupestres licias, lo que me provocó una gran sorpresa. No había visto nunca una necrópolis similar.
Un poco más tarde visitamos la ciudad de Caunos. Eran interesantes su teatro, restos de una basílica y, descendiendo hacia el lugar donde se ubicaba el antiguo puerto, el ágora, una stoa, un ninfeo y un templo con sección circular –un tholos- , el segundo que vimos de estas características (ya habíamos visto otro en Priene).
Esa noche dormimos en Fethiye.
DÍA 7 – Jueves, 5 de abril
Nos dirigimos a los restos de la antigua Telmessos. Destacaba en este yacimiento la tumba de Amintas, que reproduce la fachada de un templo griego con dos columnas jónicas y dos pilares in antis sosteniendo un frontón. La puerta falsa presentaba todo tipo de detalles.
Desde aquí nos dirigimos a la antigua Tlos. Se distinguían las gradas del estadio y las termas. Al otro lado de la carretera se situaba el teatro, con todo el material de la escena derrumbado sobre las gradas. Dominando todo el conjunto, sobre un promontorio, se situaba la Acrópolis. En la ladera más vertical, excavadas en los conglomerados, se localizaba un conjunto de tumbas rupestres licias.
Realizamos el almuerzo en el Parque Natural de Saklikent. En este lugar, las aguas que se infiltran por las calizas fracturadas y carstificadas de las montañas del entorno brotaban abundantemente, dando lugar a cauces que a lo largo de miles de años conformaron una profunda e impresionante garganta.
Por la tarde continuamos el viaje hasta Xantos. Destacaban un teatro y dos aparentes y curiosas tumbas, una de ellas era una tumba-pilar, y, la otra, la denominada tumba de las Arpías. Asi mismo habia una curiosa estela con una inscripción.
La siguiente parada la realizamos en Letoon. La leyenda dice que Leto, al llegar a estas tierras, solicitó atención y agua para sus hijos gemelos Apolo y Ártemis pero los habitantes se lo negaron. Como castigo Leto los convirtió en ranas. En la zona del gran ninfeo y del ágora, cerca de los tres templos, de Leto, de Apolo, y de Artemis, el agua cubría gran parte del yacimiento y el croar de las ranas resonaba en todo el lugar. ¿Serían éstas los descendientes de aquellos pobladores que todavía no se han podido liberar del maleficio?. Antes de dejar el lugar pasamos al teatro. El friso situado sobre la puerta de una de sus entradas laterales (parodos) presentaba alternancia de triglifos y metopas con caras esculpidas.
Nos dirigimos a continuación a Kalkan, lugar donde pernoctaríamos esa noche.
DÍA 8 – Viernes, 6 de abril
Una embarcación nos trasladó a la ciudad sumergida de la isla de Kekova. La zona portuaria y casas adyacentes estaban cubiertas por el mar. Las demás edificaciones estaban bastante destruidas aunque se distinguía perfectamente la estructura de sus estancias, las calles y escaleras. Regresamos bordeando la costa y nos encontramos con una necrópolis en la que algunas de sus tumbas aparecían como barcos pétreos en medio del mar. Las demás se disponían en tierra firme a lo largo de la línea de costa. Más adelante nos encontramos con la población de Kaleköy (Simena), de origen licio. En la zona más alta de la colina aparecía una fortaleza medieval rodeada por una muralla de origen romano.
Seguimos el viaje hasta Myra (Demre), lugar en el que se venera a San Nicolás de Patara (Papá Noel), quien fue obispo de aquella ciudad en el siglo IV. Había un bonito templo, dedicado a este santo, con una serie de detalles que no podían pasar desapercibidos, como gradas en el ábside, cúpulas policromadas, galerías porticadas, tumbas y pinturas murales.
En los restos de la antigua ciudad de Myra. sobresalían, el teatro y las tumbas rupestres licias. En el entorno del teatro abundaban los fragmentos de frisos con multitud de máscaras y motivos vegetales y geométricos y, asimismo, capiteles mixtos finamente trabajados. En el interior destacaban los parodoi, dos tramos de gradas separados por la diazoma y las galerías laterales abovedadas por las que se accedía a las zonas superiores. Las tumbas rupestres, como era habitual en las necrópolis licias, se encontraban talladas en una pared de materiales calizos.
Nos encaminamos hacia Antalia. A lo largo de este tramo de ruta aparecía, vigilante y majestuoso, con sus cumbres nevadas, el monte Olimpo. Esa noche y las siguientes pernoctamos en aquella ciudad.
DÍA 9 – Sábado, 7 de abril
Al día siguiente ascendimos a la antigua ciudad de Termessos. La subida, que presentaba grandes dificultades debido a la pendiente y al mal estado del firme, no constituyó un problema para que todos llegásemos al yacimiento. Iniciamos la visita tras pasar los restos de las grandes murallas que protegían la ciudad. Su teatro se mantenía en buenas condiciones de conservación y permitía, desde la parte superior de sus gradas, admirar el impresionante lugar en que nos encontrábamos. Estaba muy bien defendido por la salvaje naturaleza. Era una ciudad verdaderamente inexpugnable. También pudimos ver el bouleuterion – odeon, de contorno cuadrangular, un monumento a los héroes, el heroon, y, sobre todo, las grandes cisternas subterráneas.
Por la tarde nos esperaba la impresionante Perge, ciudad en la que se podía apreciar toda su estructura, monumentos, templos, calles.
Comenzamos la visita atravesando la puerta romana de la ciudad, sobrepasada la cual aparecían las dos torres cilíndricas, dorado-rojizas, de la puerta helenística. Ésta daba acceso a un recinto en forma de herradura, que tendría dos plantas, en cuyas paredes se abrían nichos que albergarían estatuas. Muy cerca se localizaba el ágora, cuadrangular, rodeada de pórticos con columnas que protegerían las tabernae. En el centro del ágora se distinguía la estructura de un tholos.
A continuación de la puerta helenística y en dirección a la Acrópolis se abría un amplio cardo maximo, flanqueado de pórticos, con una estructura central para conducción de agua que dividía al mismo longitudinalmente en dos calles. Esta conducción de agua tenía su origen en el ninfeo que se encontraba al final de la calle y a los pies de la Acrópolis.
Cerca de la puerta helenística se localizaban las termas en las que se distinguían perfectamente una natatio externa y otra interna, el caldarium y la estructura del hipocausto. A la salida de la ciudad habíamos dejado el teatro, que no pudimos visitar debido a su cierre por obras, y el stadium, en el que me llamó la atención el conjunto de bóvedas baídas que servían como estructura de sustentación de las gradas. Parece ser que algunos de estos espacios albergaban tiendas.
Al regresar a Antalia pudimos dar un paseo por la ciudad antes de irnos a cenar. Estuvimos recorriendo la parte antigua, en la zona del puerto. Vimos algunas mezquitas, la Puerta de Adriano, la Casa del Pachá, la Torre del Reloj, y el símbolo de la ciudad, el Minarete Truncado (Kesik Minare) construido sobre un templo del siglo II.
DÍA 10 – Domingo, 8 de abril
Comenzamos el último día de nuestra estancia en Turquía en la ciudad costera de Side. En su teatro, muy bien conservado, las gradas, igual que habíamos visto en el estadio de Perge, estaban sustentadas por bóvedas baídas. El material utilizado en la construcción de gran parte de este edificio eran tobas calcáreas. Al borde del mar nos encontramos con el Templo de Apolo, del que permanecían en pie cinco columnas de orden corintio, así como parte del friso y del tímpano. Su situación, su altura y el contraste de su color blanco con el azul del cielo y del mar, dejaron en nuestra retina una imagen difícil de olvidar.
Cerca de allí se encontraban los restos de una basílica cuyo ábside poseía unas gradas semicirculares, parece ser que inspiradas en el odeón. Sobre la grada superior y perfectamente centrada estaba la cátedra. En la zona interna de esta basílica-catedral se encontraban los restos de otra pequeña basílica de la que se distinguían perfectamente nartex, schola cantorum, via sacra, iconostasio, altar y ábside.
A continuación reemprendimos la marcha para visitar la “joya de los teatros” de toda Anatolia: el teatro de Aspendos. Impresionaba, en principio, la solidez y majestuosidad de la fachada externa de la escena, construida con bloques de conglomerados, cuyas ventanas y puertas estaban enmarcadas con caliza. Pero mucho más impresionante fue la vista que tuvimos al pasar a su interior a través de uno de sus parodoi. La escena, de dos pisos, estaba casi completa. Poseía hornacinas donde habría estatuas. Las cornisas y el tímpano estaban bellamente decorados. En su parte inferior se abrían las puertas de acceso al proscenio, en el centro la valva principalis y a ambos lados de ésta dos valvas secundarias. Un amplio diazoma separaba la cavea inferior de la superior. Es digno de destacar también lo que no se suele ver en los restos de teatros: un pasillo porticado recorriendo toda la parte superior de las gradas.
Como colofón a esta visita nos juntamos todos los miembros del grupo al pie de la escena. Tras unos momentos para coordinarnos entonamos como una sola voz el Gaudeamus Igitur. Cerca de allí, a unos pocos kilómetros, visitamos el acueducto que suministraba agua a la antigua ciudad y que, según los informes de que disponíamos, es el mejor conservado de toda Asia Menor.
Nos quedaba por abordar la última etapa de nuestra aventura que no era otra que una visita al Museo de Antalia. En él se exponían numerosas piezas de las distintas épocas históricas de la región, pero lo que me llamó más especialmente la atención fue el trabajo escultórico de los grandes sarcófagos romanos que allí se exponían, así como las grandes esculturas de mármol de dioses y emperadores.
Pero no todo fueron visitas a yacimientos, clases de Historia, de Geografía, o de Ciencias. Crescente y Enrique, miembros oficiales de un coro, nos ofrecieron, a veces acompañados por Marce, fragmentos de diversas óperas en marcos excepcionales, como los teatros de Éfeso y Termessos, el odeón de Afrodisias y, además, dirigieron la actuación de todo el grupo en el teatro de Aspendos. Los últimos días, cuando ya se había establecido una relación más estrecha entre todos nosotros, surgió la espontaneidad y el buen humor. En los trayectos de unos yacimientos a otros pudimos enterarnos de muchas cosas, como las relaciones que se establecieron, en un momento de la Historia, entre pánfilos y adefesios, según ciertos datos, no sabemos si escritos o de tradición oral, aportados por nuestro amigo Enrique. Del mismo modo Daniel nos narró otra historia, con parecida carga documental, sobre el posible origen vasco de Jesús. Al humor contenido en estos relatos se sumó el aportado por los chistes de Juan de la Cruz y otros.
Para terminar únicamente nos queda felicitar, de corazón, a los tres organizadores del viaje, Crescente, Mercedes y Emilia, por el acierto en el diseño del mismo, por el material elaborado y por las excelentes explicaciones que lograron construir edificios maravillosos donde sólo había ruinas.
José Enrique Lorenzo Gondar
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